EDITORIAL.
El tema de este editorial quiere tratar un aspecto que está aquejando profundamente a todo el país y a sus instituciones, sean estas relativamente transitorias, como la Asamblea Constituyente o relativamente constantes, como el Parlamento Nacional.
En particular quiero referirme a la capitalía plena. Este tema planteado para su discusión en el seno de la Asamblea Constituynete por la brigada chuquisaqueña, está dejando un sabor amargo en todos los ciudadanos bolivianos dentro y fuera de nuestras fronteras.
A este respecto queremos como portal boliviano de información dar una humilde opinión al respecto, con el interés de crear escenarios de debate constructivo, dirigidos a buscar el bien nacional.
Los aspectos enarbolados por los representantes chuquisaqueños para reclamar el retorno de todos los poderes a Sucre, chocan con argumentos igual y opuestamentede valederos de La Paz para mantenerlos.
Los hechos son que históricamente ambas ciudades han demostrado poseer este derecho, Sucre por haber sido nombrada capital desde la fundación y La Paz por su protagonismo en todas las luchas por mantener o recuperar la democracia durante la vida de nuestra república.
La acusación sobre el centralismo que se quiere hacer pesar sobre los habitantes paceños es igual de injusta que la guerra federal de finales del siglo XIX que llevó definitivamente la sede de poderes ejecutivo y legislativo a La Paz.
No podemos culpar al paceño del centralismo de los gobiernos de turno si consideramos por ejemplo, que las políticas económicas, contando sólo desde 1971, han dirigido su atención al desarrollo agrícola de Santa Cruz y a la explotación de los recursos naturales para su exportación. No fue el Departamento de La Paz quien excluyó a nadie, sino las políticas de los gobiernos de turno que sólo miraron en las dos direcciones mencionadas.
Es cierto que la ciudad de La Paz vive en grandes proporciones de los servicios que se requieren en el aparato estatal, pero es también cierto que los inversionistas afincados en ella provienen de toda Bolivia.
Ya sea La Paz, como Santa Cruz, se vieron obligados a absorver gran parte de la gente sin trabajo, ni sustento, como resultado de los desastres naturales de 1981 y 1982, del empobrecimiento ocasionado por las dictaduras y por las políticas sin visión de futuro seguidas durante los gobiernos de Siles y Paz Estensoro.
El crecimiento demográfico de La Paz y Santa Cruz es ostensiblemnte superior al resto del país, pero en particular el de El Alto es sin duda el mayor de todos los municipios de Bolivia, pero este crecimiento no se ha debido a una política dirigida a mejorar las condiciones de estas personas en estos departamentos, sino a la desesperación de la gente por mejores horizontes de vida.
Obsérvese que las poblaciones de los Departamentos de La Paz y Santa Cruz superan el 60 % de la población nacional con una repartición casi equivalente para cada uno de ellos.
Por tanto, habrá que considerar a la hora de debatir el tema de la capitalía plena, si se le puede ehcar la culpa del centralismo al paceño, o talvez será necesario ehcarle la culpa también al cruceño. O talvez tengamos que ver las cosas con otro lente para dilucidar si es pertinente tratar este tema.
Veamos algunas razones: Consideremos hipotéticamente que se decidiera trasladar la capitalia plena a Sucre, la cual actualmente cuenta con una población en torno a los 200 mil habitantes y el total del Departamento supera los 600 mil.
Supongamos que de las aproximadamente 300 mil fuentes de empleo directas del aparato estatal, 200 mil se trasladaran a la capital, si multiplicamos esto por 3 considerando que este traslado incluye a las familias de estas personas (las cuales no pueden ser cesadas de sus funciones sólo por el traslado de los poderes y considerando además que estas personas provienen sin duda de todos los rincones de Bolivia), estamos hablando de 600 mil personas.
Estaríamos ante un incremento de la población sucrense del 400%, y de la población departamental del 100%. Tan sólo pensar en construir 200 mil nuevas unidades habitacionales, más los costos de traslado, sin duda significa en costos, a 20 mil dólares promedio por unidad, un total de 4 mil millones de dólares. Quién se haría cargo de toda esta inversión? Es finalmente una inversión privada.
Imagínense que de igual manera tienen que llevarse a cabo las construcciones estatales para albergar a todo el aparato público, más los costos del traslado, el moviemiento de embajadas, los servicios estatales conexos, los costos de infraestructura municipales. Probablemente estamos hablando de una cifra similar a la anterior.
Por otro lado, el traslado de todo el aparato productivo y de servicios que se ha afincado en la ciudad de La Paz facilmente implica otro tanto, con un movimiento poblacional de por lo menos otras 200.000 personas.
Señores, las reservas fiscales de Bolivia son en este momento de 4 mil millones de dólares. Necesitaríamos tres veces más que esto para llevar a cabo dicha empresa, lo cual significaría la postergación de todos los planes de desarrollo del país por al menos 20 años, sólo para satisfacer una reivindicación histórica que Sucre y La Paz comparten por igual pero con diferentes razones.
Con todo lo expuesto, talvez sería mejor detenerse y pensar en otras soluciones para generar el crecimiento de Sucre y Chuquisaca que no vayan en desmedro del desarrollo de todo el país. pero en particular que no vayan en desmedro de las ciudades de El Alto y de La Paz, las cuales quedarían convertidas en desiertos de edificios y casas, como en una imagen apocalíptica.
Sin duda otra posible solución para generar crecimiento económico no sólo en Sucre o en Chuquisaca, sino en toda Bolivia, serían verdaderas políticas de desarrollo regional, de la misma forma que se impulsó desde los años 70 el desarrollo de grandes empresas privadas con créditos blandos que en muchos casos no se terminaron de pagar.
Tenemos que ser justos y recordar que gran parte de la deuda externa de la que seguimos pagando intereses y capital y de la cual buena parte nos ha sido condonada recién a partir de 2003, fue contraída durante las dictaduras de los setenta y ochenta y fueron en benficio del desarrollo de empresas privadas de todo Bolivia, y en buena parte en beneficio de la industria agrícola privada cruceña.
Por que no se pueden implementar ese tipo de políticas en todo el país, talvez no repitiendo los errores de los creditos extremadamente blandos que llevaron a la quiebra a todos los bancos de desarrollo de Bolivia, pero al menos créditos más racionales que los actuales créditos de la banca privada.
Necesitamos verdaderas políticas de desarrollo que favorezcan a todos los departamentos y sus sectores, grandes, medianos y pequeños de todo el país. Cambios jurídicos que reconozcan otros sistemas de organización empresarial como son las organizaciones económicas campesinas o las asociaciones de artesanos, micro y pequeños productores que sean garantizados por el estado y puedan acceder no sólo a créditos, sino también a capacitación y a nuevos mercados.
Necesitamos cambios en la constitución que garanticen la autonomía de las regiones, pero con sistemas de fiscalización que bien podrían ser constituidos por parlamentos regionales, sujetos a ser elegidos democráticamente.
Necesitamos políticas que nos dirijan a aprovechar de mejor manera los recursos naturales, que no durarán para siempre, y que tengan horizontes mayores a los 5 años que dura un gobierno.
Necesitamos políticas de conservación a largo plazo que garanticen que nuestros hijos y nietos no tengan que matarse entre ellos por un pedazo de pan o por un vaso de agua.
Necesitamos políticas de educación que generen ciudadanos productivos y comprometidos con el desarrollo de su país y de su región.
Espero que los elementos aquí expuestos sirvan a todos los bolivianos, para que reflexionemos sobre el futuro de Bolivia, sin necesidad de renunciar a las reivindicaciones regionales, pero en el respeto histórico de que somos una república que ha vivido diferentes olas migratorias y por tanto declararse sólo de una región es ignorar a nuestros propios ancestros.
Alfredo López Calderón
Director Equipo boliviaenlared.
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